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La frutera que enamoró al jurado de La Voz

Las audiciones a ciegas arrancan La Voz con la promesa de encaminar al éxito el sueño de alguno de los 170 candidatos del formato, siguiendo la estela de la última ganadora, la gallega Irene Caruncho. «Que el miedo nunca te paralice, que el vuelo nunca se detenga», asegura Juanes en su frase motivadora en la presentación del concurso.

Lo peor de este talent show son los aspirantes que no consiguen hacer que el jurado se dé la vuelta. Los coaches repiten motivos vacuos para justificar su negativa, ante la mirada perdida de los candidatos que, desconsolados, creen haber «decepcionado» a us seres queridos. El nivel cada año es más alto, y no siempre es fácil decir que no a voces únicas como las que desfilaron por el escenario.

Pero la emoción también la ponen los síes. «Pienso en mi familia, en mi gente, pero al pasar esa puerta, el momento es mío, y que sea lo que Dios quiera». Así irrumpió Laura, en el escenario. La malagueña de 25 años fue la primera aspirante en abrir la lata de las audiciones a ciegas. Con la canción «You are so beautiful», esta joven «alegre, loca, escandalosa», siempre vio esta oportunidad como algo lejano, «inalcanzable», pero en cuanto subió al escenario logró su objetivo. Rompió a llorar cuando se percató, y enseguida los coaches acudieron a consolarla.

«Pienso en mi familia, en mi gente, pero al pasar esa puerta, el momento es mío, y que sea lo que Dios quiera»Laura
Carrasco, Malú y Juanes tardaron poco menos de diez segundos en darse la vuelta. «Con tu voz tocaste las fibras más profundas de mi alma, me enamoré de ti antes de verte y cuando te vi, me enamoré todavía más», le dijo Juanes, que la quería para su equipo en La Voz.
Esta frutera que canta donde sea, que coge «una alcachofa, un calabacín» y se monta su propio micrófono, emocionó al jurado de La Voz, poniendo la piel de gallina hasta a Jesús Vázquez: «cómo canta la niña!», dijo el presentador mientras animaba a su familia. Pero de boquerón a boquerón, se la llevó a su equipo Pablo López, el último en girarse pero el primero en ganársela. «No sé si estoy dormida o soñando», decía, nerviosa, la malagueña.

Batacazo eurovisivo

No corrió la misma suerte LeKlein, que tras su batacazo en Eurovisión, volvió a salir por la puerta de atrás. No se rindió la guerrera, que se arrancó «con rabia» a cantar para el público después de ver cómo los coaches no giraban sus sillas. Apenas sabían qué decir los miembros del jurado, y Malú intentó justificarse: «La sensación de frustación que estoy sintiendo, es de que no lo has hecho como sabes hacerlo; la he sentido de profesional». La familia, incrédula, esperaba en el back stage. «Es una pena que no haya una segunda oportunidad», terminó diciendo LeKlein.

LeKlein no consigue que los coaches de La Voz se giren
Sucedió todo lo contrario con Charo, que vivió en primera persona cómo la persistencia daba sus frutos. Se presentó anteriormente a La Voz, hace cinco años, y no fue seleccionada por los coaches. En esta ocasión, consiguió ganarse a todo el jurado, que no dudó en girar sus sillas, rendidos ante «la emoción desbordada» de la valenciana, pero se la terminó llevando Malú, la priemra en girarse.

Un francés flamenco

¿Quién dijo que el flamenco era cosa de españoles? Lucas, un joven francés «gitano», arrancó aplausos del jurado con su arte gala, ofreciendo un espectáculo inédito que todos los coahes supieron apreciar. Sin duda una de las actuaciones más originales de la noche en La Voz. Malú incluso le pidió que siguiese cantando «un poquito más, por favor». «Es una de las voces más bonitas que he escuchado. No te quiero decir lo que puede pasar contigo en EE.UU. o Europa si grabas una canción así en inglés», le dijo Juanes, que terminó llevándose a su equipo al aspirante pese a las promesas, picantes, de su compañera en el jurado.

Sorpresas y una silla que no gira

Un Jesús Vázquez prácticamente ausente, supo encontrar su sitio como presentador, y ganar enteros con su justa participación, consciente de que el espectáculo lo ponen otros. Dio una sorpresa a un miembro del público, y reclamó sus sitio en la gala de la semana que viene.

La silla que no gira en La Voz

Sorpresa fue sin duda cuando Manuel Carrasco apretó el botón pero su silla no se dio la vuelta. Elsa, que los «transportó a otra época», consiguió el sí también de Pablo López, y lo celebró con gritos por plató, descalza. Se sentó junto a ella Malú, para ser testigo de los piropos de los coaches. «Eres muy guapo», le decía Elsa, mientras bromeaba: «Estoy tocando a Malú». «Pablito, me voy contigo», eligió la catalana, porque fue el coach el primero en darse girarse.

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